Reseña del libro “Resetea tu mente”

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¿Por qué nos decimos y nos creemos frases de desaliento como “no puedo”, “no soy capaz”, “no lo merezco”, que sabotean nuestros propios anhelos?

¿Por qué nos sentimos limitados, si tenemos un inmenso potencial dormido en nuestro interior?

¿Por qué nos conformamos en lugar de aspirar a una vida plena?

¿Qué es lo que nos frena?

El Dr. Mario Alonso Puig trata de dar respuesta a estas y otras cuestiones en su nuevo libro “Resetea tu mente”.

Su visión me ha parecido fascinante, innovadora, coherente y que podría explicar gran parte de nuestros comportamientos.

Haciendo especial énfasis en cómo podemos aflorar el gran potencial que todos y cada uno de nosotros, sin excepción, tenemos dentro, para conseguir llevar nuestra vida a un lugar infinitamente mejor.

Y cito: “Si queremos cambiar la forma de pensar, de sentir y actuar para atraer a nuestra vida un nuevo nivel de salud, bienestar, abundancia y felicidad, hemos de descubrir eso que hasta ahora se había mantenido oculto.”

Para quien no lo conozca, lo primero es mencionar que para mí el Dr. Mario Alonso Puig, tiene una absoluta credibilidad y rigor en sus exposiciones.

Ejerció la cirugía durante 25 años en hospitales de España y Estados Unidos.

En una segunda etapa de su vida, cuenta con una trayectoria de 20 años dedicada a la investigación y docencia en el campo del desarrollo personal y profesional, siendo a día de hoy, un referente en este ámbito.

Puedes consultar su biografía en el siguiente enlace a su blog. https://marioalonsopuig.com/biografia/

En mi opinión, la clave diferenciadora de su visión del funcionamiento del ser humano, radica en unir el enfoque científico, especialmente en el marco de la neurociencia, con otras facetas del ser humano, que aunque no son medibles, influyen enormemente en nuestras vidas.

Entendiendo que si la ciencia aún no puede dar explicación a ciertas realidades, no por ello podemos negar su existencia y su gran relevancia. Pues sería tanto como decir, que si no puedo medir el afecto que siento por alguien, es que no existe.

Es la unión de ambas cosas, fruto de muchos años de estudio y experiencia, lo que hace de su visión algo digno de tener en cuenta. Y en este libro nos invita a que nos abramos a explorarla, con una actitud humilde y de curiosidad.

La primera aseveración que realiza en su libro, procede de las investigaciones del premio nobel de medicina, Doctor Roger Sperry y su equipo:

Y cito: “Asociada al cerebro humano no hay una única mente sino dos. Esto no tendría mayor relevancia si no fuera porque ambas están con frecuencia enfrentadas.”

Nos explica que tenemos una mente, que podríamos llamar la auto-consciencia, ligada al hemisferio Izquierdo del cerebro. Gracias a la cual te das cuenta, por ejemplo, que estás leyendo o escuchando este artículo en este momento. Es decir, eres consciente de ello.

Y tenemos otra mente que está ligada al hemisferio derecho, que se da cuenta de cosas que pasan, sin que conscientemente te des cuenta de ello. Es decir, capto información adicional que no es aprovechada por el hemisferio izquierdo, porque se le escapa.

Nos explica también que este enfrentamiento de ambas mentes, que implica una gran pérdida de recursos y talentos, no tiene porqué ser así de forma natural.

Cuando somos muy pequeños hay una gran sincronización hemisférica, es decir, que ambos hemisferios se comunican constantemente y el resultado es que los niños muy pequeños son alegres, disfrutan de la vida, juegan, exploran y aprenden a gran velocidad.

Cuando somos muy pequeños no nos percibimos como divididos del resto de las cosas, hasta que madura el hemisferio izquierdo, y con ello el lenguaje. Empezamos a interpretar lo que ocurre, dando por hecho que nuestras interpretaciones son la realidad.

A partir de ahí, y con ayuda del refuerzo cultural, en un contexto donde predomina la razón, el hemisferio izquierdo pasa a ser el dominante, y el resultado es que nos desconectamos de los aspectos profundos de la existencia. Perdiendo con ello un gran abanico de oportunidades, talentos y recursos atesorados en nuestro interior, que lamentablemente no llegan a aflorar, porque el hemisferio derecho pierde protagonismo.

¿Por qué ocurre esto? Para comprenderlo, nos explica la diferencia entre ambas mentes:

  • El sistema que está conectado con el hemisferio izquierdo, corresponde al mundo racional y la lógica. Este sistema se centra en ver el detalle, así que compartimenta y divide la realidad. Por ello rivaliza en lugar de cooperar. Se enfoca en los formas, lo material, lo medible y los resultados. Ignora que desconoce muchas cosas, pero cree tener todas las respuestas. Si no se puede pesar y medir, no existe. Se aferra a un patrón mental fijo que él mismo ha creado y para él es la única verdad. Ha hecho posible la comunicación y nuestro gran desarrollo científico y tecnológico.
  • El sistema que está conectado con el hemisferio derecho, en cambio, tiene una visión de conjunto, de gran angular. Por ello se enfoca en el mundo que va más allá de la materia, lo trascendente, lo espiritual, lo que forma el fondo de todas las formas, la profundidad. No ve división, solo unidad, por eso se centra en dar para multiplicar, conectar, comprender, construir y crecer. Nos ayuda a trascender pasado, presente y futuro, y nos permite conectar con un eterno ahora. Como no ve ni principio ni fin, está apasionado con la vida sin temer a la muerte. Está abierto a explorar, a descubrir, a entender las cosas que se salen de la lógica. También es donde se encuentran nuestros traumas y heridas.

Así pues, la diferencia de percepción de ambas mentes, conlleva por sí sola, una gran diferencia de actitud y de apertura frente a la vida.

El hemisferio izquierdo percibe olas separadas, cuando el hemisferio derecho percibe un único océano sin división. El izquierdo ve en dos dimensiones y el derecho conoce las tres dimensiones. Es como si el izquierdo viera el mundo en blanco y negro; y el derecho viera un espectro multicolor. Pero todos esos colores, todas esas opciones que podríamos tener a nuestra disposición, están ocultos porque son ignorados por el hemisferio izquierdo.

En el momento en que el hemisferio izquierdo se abre a entender al derecho, empiezas a ver soluciones que no se pueden entender desde la razón ordinaria.

Einstein no atribuía sus descubrimientos a la lógica propia del hemisferio izquierdo, sino a la imaginación, propia del derecho.

En pocas palabras, nos dice que hay una realidad más amplia de la que estamos manejando, y que ahora mismo no somos capaces de ver y entender por cómo funcionan nuestras mentes. Para acceder a ella el camino es entrenarnos en evitar ese enfrentamiento que se produce en nuestro interior, sin que nos demos cuenta.

También nos aclara que por supuesto, ambas son necesarias y complementarias…

Y cito: “Comprobaras que esas mentes tan divididas tienen un lado oscuro y un lado luminoso. Esto no significa para nada que uno de dichos lados sea malo y el otro bueno, solo que hay uno que está oculto a la consciencia y el otro no.”

“Cuando la consciencia abraza ambos lados y los integra, emerge algo nuevo y extraordinario a lo que llamamos conciencia unificada o despertar.”

Nos explica con detalle la parte luminosa y oscura de cada hemisferio y nos invita a abrazarlas para poder integrarlas, y aprovechar, no sólo los recursos, sino una nueva forma de entender la vida donde el miedo, la frustración y el resentimiento den paso a la confianza plena.

La mayoría de nosotros ya sabíamos que tenemos una parte consciente y otra parte que opera de forma inconsciente, pero el Dr. Mario Alonso Puig va más allá, y a través de las páginas de su libro nos explica que lo racional y lo trascendente, no sólo, no son incompatibles, sino que ambas son complementarias, y es necesario que colaboren para llevar nuestra vida a otro nivel de consciencia, que nos permita gozar de plenitud y felicidad. Todos los recursos están ya en nuestro interior y él nos muestra cómo aprovecharlos.

Esa es la interpretación que he extraído de la lectura de este libro. Te animo a dejar algún comentario al respecto en el caso de que lo hayas leído.

Por supuesto profundiza en muchos otros aspectos muy interesantes y de gran relevancia para, de forma sencilla, poder comprender la complejidad de nuestros comportamientos y cómo podemos, no cambiar nuestra mente, sino más bien sanarla.

Si te ha parecido interesante este tema, te sugiero que veas la conferencia de presentación del libro relatada por el propio autor. Lo cierto es que su intervención me pareció brillante y es una excelente introducción a la lectura de su libro.

Al final de la conferencia nos regala lo que para mí es la clave:

  • Ábrete a que no lo sabes todo, a que hay un mundo más allá de lo que ves razonable, más allá de la materia, de lo medible y de lo controlable.
  • Ábrete a contemplar con curiosidad, a explorar sin juzgar. Tómate momentos de quietud para acallar tus pensamientos.
  • Encuentra formas de expresión que ayuden a potenciar tu hemisferio derecho, a través del dibujo, la escritura, la poesía, el arte.
  • Atiende con cariño tu parte más vulnerable, no juzgues ni reprimas lo que no te gusta, abraza esa parte de ti, aunque no la entiendas y ésta poco a poco sanará.

Aquí te dejo el link de la conferencia. Mario Alonso Puig

De corazón espero que la disfrutes y que te ayude a descubrir todo el potencial que te aguarda en tu interior.

Un fortísimo abrazo.

Regina.

¡Gracias por leer, comentar y compartir este artículo!

Ideas para tomar decisiones, cuando nos cuesta decidir

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Todos tenemos que tomar decisiones constantemente. Cada día, en todo momento aunque no seamos conscientes de ello, estamos decidiendo.

La elección de una alternativa descarta todas las demás, y tiene un impacto, grande o pequeño, en nuestra vida.

Pero en ocasiones nos encontramos ante una encrucijada, varios caminos posibles se abren ante nosotros y nos cuesta decidir por cual seguir.

Talvez porque por su magnitud tiene el potencial de cambiar significativamente nuestra vida, o así lo percibimos.

¿Me cambio de trabajo, o me quedo en el que estoy? ¿Me mudo a un apartamento en el centro, o a una casa a las afueras?

¿Cuál de estos caminos me conducirá a un mejor destino?

A veces la voz de nuestra intuición nos indica el camino y nos sentimos ilusionados ante la perspectiva de emprender el camino escogido.

Pero otras veces no sabemos qué decisión tomar y sentimos cierto malestar ante la confusión. Si esta situación se dilata en el tiempo nos puede conducir a la temida parálisis por análisis: ¡No dejamos de pensar en ello, pero no podemos decidirnos por ninguna opción! Instalados en ese bucle de pensamiento cada vez nos cuenta más salir de él.

La buena noticia es que podemos disipar las dudas y ver con claridad la situación, para ello la sugerencia es realizar un poco de autoindagación:

En primer lugar plantéate si realmente tienes que decidir. A veces consumismos energía dándole vueltas a una hipotética situación que no ha llegado y no sabemos si llegará. Si ese es el caso suelta la confusión, cuando llegue, si llega, yo lo afrontaremos.

En segundo lugar, si estas en puertas de una decisión importante, es lógico, sano y necesario, que en mayor o menor medida, sientas miedo. Puede presentarse en forma de leve inquietud, ansiedad, estrés o incluso pánico. En cualquier caso lo primero es rebajar esta emoción que nos dificulta pensar con claridad porque activa nuestro sistema de amenaza. Literalmente no podemos pensar porque los mecanismos del cerebro nos ponen en guardia, suspendiendo a su vez la capacidad de análisis.

Deberíamos perderle el miedo al miedo comprendiendo que su función es biológica y adaptativa, pretende protegernos y va a estar ahí siempre que nos sintamos en peligro (real o imaginario).

Cuando nos adentramos en “territorio desconocido”, cuando ante nosotros se abre un espacio de incertidumbre que socaba nuestra seguridad, estabilidad o integridad, el miedo va a estar presente, es su función advertirnos de ello.

Equivocadamente pensamos que tener esas sensaciones es señal de cobardía, pero se trata de una reacción que se desencadena para nuestra supervivencia. Saber que es normal que el miedo nos viste y aceptarlo, ya rebaja un poco su intensidad.

No existen certezas absolutas en la vida, por otro lado sería muy aburrido saber siempre de antemano que sucederá y como sucederá, ¿no te parece?

Lo que sí podemos hacer es tratar de atenuar la incertidumbre.

Para ello busca toda la información que puedas sobre cada alternativa. Eso te dará cierta sensación de control y el miedo perderá poder sobre ti.

En tercer lugar, si existe la posibilidad y crees que lo necesitas, pide más tiempo para aclarar tus ideas. No tomes una decisión precipitada de la que te puedas arrepentir.

A veces la situación pide una decisión inmediata, pero otras veces nos sentimos presionados por factores externos sin plantearnos que talvez pueden ser atenuados, plantéate explorarlo si lo necesitas.

En cuarto lugar, pon el foco en lo que deseas obtener con la opción elegida, de este modo entran en juego el optimismo y la ilusión. Si por el contrario al decidir, te centras en lo que debes hacer o lo que quieres evitar, te estas fundamentando en el temor y la resignación.

Por ejemplo, no es lo mismo aceptar un empleo porque te ilusiona lo que puedes aprender en él, lo que tus compañeros te pueden aportar, pensando en todas aquellas personas a las que puedes enriquecer desde el desempeño de tu función, sea la que sea… Que aceptar ese mismo empleo por temor a no encontrar otro mejor.

La situación es la misma pero el foco completamente distinto, como consecuencia la emoción con la que te levantaras cada mañana cambiará completamente tu día, sin ninguna duda.

Así pues, piensa en términos de “¿Qué quiero hacer?” que sugiere deseo.

Las palabras son poderosas, evocan realidad en nuestros pensamientos que se trasladan a nuestras acciones y resultados.

¿Qué tipo de energía prefieres que tiña tu nueva realidad? ¿El optimismo, o la resignación? Te aseguro que en un caso u otro, lo vivirás de forma muy distinta, reenfoca la situación.

En quinto lugar, revisa tus valores. Para que sea satisfactoria, la decisión que tomes, tiene que ajustarse a tus prioridades y necesidades actuales.

Hablamos de los valores funcionales, no de los idealizados. Es decir, los valores que se manifiestan mediante conductas concretas en tu día a día.

Puede que tu ideal sea la libertad, pero si en la mayor parte de conductas de tu día te apegas a la seguridad, tu valor funcional es la seguridad.

Por supuesto podemos cambiar valores, creencias y patrones de conducta si lo deseamos, pero eso pide de nosotros un nivel de implicación grande con nuestro proceso de desarrollo personal. Si ese es tu interés, ya lo iremos viendo en otros artículos.

Como ejemplo podríamos decir que si mi valor fundamental es la libertad, y escojo un trabajo que me mantenga muy atado, difícilmente me sentiré a gusto.

Ejercicio: Contrasta tus valores con los pros y contras de cada opción, te será sencillo porque dispones de la información necesaria que previamente has recabado.

Si ninguna de las opciones te satisface, seguro que existen más alternativas de las que estás viendo, plantéate buscarlas.

A veces pensamos que solo existen la opción A o la opción B, sin recordar que el alfabeto tiene 28 letras. Para ello es necesario abrir la mente e indagar otras posibilidades.

Si optas por conformarte con una opción que no te satisface del todo, asegúrate de centrarte en los factores positivos que sin duda tiene y en dar lo mejor de ti. Empezar con ilusión y optimismo asegura que el camino recorrido será beneficioso para ti, independientemente del resultado.

En sexto lugar, ¡escucha a tu intuición!, pero ¿qué es la intuición? Es un pálpito que te impulsa hacia una dirección más allá de la razón, y se basa en tu emoción.  A veces nos resistimos a escucharla, o simplemente estamos tan desconectados de nuestra emocionalidad que no podemos identificarla.

Es muy útil despertar nuestra intuición para que nos ayude a decidir con el siguiente ejercicio: Cerrando los ojos, imagínate por un momento en uno de los posibles escenarios, conéctate con el mayor detalle posible a la situación, experimenta cómo sería tu vida y cómo te sientes con ello. Realiza este ejercicio con todas y cada una de las opciones y anota tus impresiones.

Si sigues tu emoción acertaras siempre aunque te equivoques… y me explico. Muchas veces ya hemos tomado la decisión antes incluso de que empecemos a reflexionar sobre ello, y si no escogemos la opción hacia la que nos empuja nuestra emoción, no sabremos porque, pero nos sentiremos en incoherencia.

Por lo tanto, la opción en la que te sientas más feliz y relajado en tu imaginación, es tu mejor opción. No porque tengamos certeza del resultado, lo cual es imposible, pero tenemos certeza de hacia dónde nos guía nuestra intuición y eso nos asegura coherencia en nuestro interior. A veces la opción más lógica no es la que más nos satisface, o si… pero date la oportunidad de escucharte.

En séptimo lugar, vencer el temor a equivocarse, lo que ayuda es valorar en cada una de las opciones, que es lo peor que podría pasar, y preparar una posible solución para esos hipotéticos casos.  De nuevo nos dará sensación de control y nos ayudará a rebajar tensión.

Además es útil recordar que la mayoría de nuestros temores que a menudo nos atenazan, por suerte, no se suelen hacer realidad.

Recuerdas alguna situación en que temías hacer algo y una vez realizado pensaste, ¡ah pues no era para tanto…! La realidad suele ser más benévola que nuestra mente.

Una de las presunciones de la PNL (Programación neurolingüística) es la siguiente: “no existen errores, solo resultados”. Y lo cierto es que muchas veces nos quedamos apegados a una situación que calificamos como buena pero nos impide crecer, y no nos hace felices. Y otras veces en cambio, las situaciones que calificamos como negativas nos traen aprendizajes trascendentales y nos proyectan a nuevos paisajes que nos hacen florecer.

La sabiduría consiste en extraer de toda vivencia un aprendizaje que sea útil a tu vida, dejando de lado todo juicio hacia ti, hacia los demás o hacia la situación. De esta manera no sólo aprendes, creces y evolucionas, sino que además dejas de repetir los mismos patrones una y otra vez.

En octavo lugar, ante una disyuntiva importante, a veces, nos cuesta tomar la decisión porque creemos que será algo definitivo, “para siempre”. Pero si hay algo permanente en la vida es el cambio y resistirse a él conduce al sufrimiento.

Puede que más adelante cambies la ruta que hoy tomas, y eso es fantástico, adaptarse a los cambios nos ayuda a explorar nuevos recursos que teníamos dormidos y a fortalecer nuestro autoconcepto.

Dar lo mejor de nosotros en cada situación, aprender, disfrutar y saborear cada momento es lo mejor que podemos hacer por nuestro bienestar y el de nuestro entorno.

Así que la recomendación es afrontar la decisión con ilusión, conectado con tu intuición, valorando las opciones posibles y contando con la información necesaria.

Si después de hacer los ejercicios propuestos aun ejerzo resistencia a decidir, lo que debería preguntarme es ¿Realmente quiero decidir? ¿Qué beneficio obtengo de no tomar una decisión en esta situación? En nuestras conductas nos mueven una intención positiva, aunque la conducta en sí no lo sea.

Por ejemplo, cuando fumamos es porque hallamos una intención positiva en ello, talvez nos ayuda a calmarnos, o a socializar.

Si no hallamos la intención positiva y realizamos una sustitución consciente que cubra esa necesidad, será más complicado dejar de fumar. Si me doy cuenta, observando mis conductas, que fumo cuando estoy nerviosa, podré dejar de fumar más fácilmente si lo sustituyo por una actividad que también me calme cuando esté nerviosa, talvez el yoga, salir a caminar, realizar respiraciones profundas… Entonces, la intención positiva que halló nuestro cerebro para programar la conducta de fumar, en su momento, sería la de calmarnos, que a base de repetir se ha convertido en un hábito. Ya hablaremos del gran poder de los hábitos en otros artículos.

Volviendo a la intención positiva en el caso de no decidir, me parece muy importante detectarla, porque la finalidad es eliminar las excusas que me estoy contando a mí mismo, porque en ocasiones, sin darnos cuenta, nos autoengañamos.

Por ejemplo, quiero cambiar a un trabajo mejor y tengo una buena propuesta sobre la mesa, pero me siento incapaz de dar el paso. Si nos mantenemos enredados en nuestra mente y no encontramos cómo salir del bucle suele ser porque realmente no queremos tomar acción, aunque sea contraproducente para nosotros (como en el caso de fumar, no lo dejo aunque me perjudica).

¿Qué beneficio obtengo de no tomar una decisión en esta situación? Puede que sea una muy buena opción pero ¿me compensa el esfuerzo de cambiar y todo lo que ello conlleva?

Puede que no nos sintamos capaces de estar a la altura, puede que nos hayamos acomodado en la situación actual y no hallemos la motivación para salir de donde estamos. En este caso deberíamos buscar nuestro “para que”, es decir, nuestra motivación. Tiene que ser lo suficientemente potente para que tire de nosotros en esta situación.

El cerebro funciona alejándonos del dolor y acercándonos al placer. Debemos en este caso asociar placer a la decisión que tomamos.

Si por ejemplo asocio el nuevo trabajo a tener más tiempo libre para estar con mi familia, y para mí la familia es una de mis prioridades, este podría ser mi “para que” ¿para qué cambias de trabajo? Para estar más con mis hijos. Entonces se hace más fácil asumir el riesgo que todo en la vida conlleva.

«Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo muestra»

Mario Alonso Puig

Solo un último apunte que me parece fundamental. No decidir también es una decisión. “Decido no tomar acción”

Puede que no sea tu momento y lo recomendable sea esperar y tener paciencia, lo cual es perfecto. Pero asegúrate de no dejarte arrastrar por la corriente, puede que llegues a tu destino, pero es muy poco probable.

La propuesta es ser proactivo y tomar responsabilidad para dirigir tu vida hacia donde tú quieras, con la voluntad y el deseo de hacerla mejor, como un barco que surca el mar hacia un destino deseado, disfrutando el viaje. No le cedas tu timón a nadie, no hay nada peor que navegar sin rumbo por la vida.

¡Ojalá te ayude a decidir o a no decidir… tú decides!

Un fortísimo abrazo.

Regina

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