Cuestionando el apego y la necesidad

Enlace al podcast (audio) completo:

¿Realmente perdemos cosas, personas y situaciones? ¿O es nuestro apego a ellas, el que nos hace vivirlo así?

Yo soy la primera que en ocasiones he sentido perder algo o a alguien, pero lo cierto es que lo que nosotros denominamos pérdida, responde a un flujo natural de la vida. Vivimos en un mundo de formas y energías, y como tal, éstas se transforman de manera inevitable.

Querer que se mantengan indefinidamente en el tiempo nos condena a sufrir, porque simplemente es imposible. Desear que los árboles no pierdan sus hojas en otoño, es inútil porque seguirán su ciclo natural independientemente de nuestra opinión. Y así debe ser, ¿Quién tiene más sabiduría? ¿La vida que ordena todos los procesos naturales, o yo?

¿Y si pudiéramos tomar consciencia y elegir no sufrir cuando algo termina, o cuando no alcanzo lo que creo necesitar?

Como habrás oído anteriormente, “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Y sí, cuando uno sufre, esta frase resulta ser de poco consuelo, es más, nos puede incluso llegar a irritar. Yo tampoco la entendía hace un tiempo, y cuando me sentía presa del sufrimiento, no era consciente que estaba a una decisión de distancia de salir de él.

El apego proviene de mi absoluta creencia de necesitar algo concreto para ser feliz: Una persona, un trabajo, una casa… que para mí es una verdad incuestionable.

Tras la necesidad se esconde el miedo. Miedo a perder, miedo a la soledad, miedo al cambio…

Esta forma de pensar sustentada en el miedo y la carencia es disfuncional: Porque por un lado, condiciona mi felicidad y la posterga hasta el momento en que consiga alcanzar aquello que necesito, lo cual no me permite disfrutar plenamente del presente, puesto que ahora me falta algo. Pero por otro lado, cuando al fin obtengo lo que ansío, siempre subyace el miedo a perderlo porque pienso que sin ello dejaré de ser feliz. ¿Tiene algún sentido? Obviamente no. Desde este patrón de pensamiento no hay salida del sufrimiento.

Esa forma de pensar, la hemos creado nosotros, no nacimos con ella, ha sido forjada a base de imitación y aprendizajes y consolidada mediante experiencias, porque como hemos visto, todas ellas conducen a un único resultado: el sufrimiento, por la simple razón que se sustenta en el miedo y la creencia que me falta algo o alguien para ser feliz.

La buena noticia es que puesto que esta forma de pensar la hemos creado nosotros, si nos damos cuenta que nos impide ser feliz, la podemos cuestionar y cambiar.

Veamos cómo…

Punto 1: ¿En realidad necesito lo que estoy perdiendo?

Para empezar, la palabra perder implica posesión: mi marido, mi casa, mi trabajo… Cuando creo tener derechos sobre algo o alguien, desde ahí la perdida siempre es dolorosa, pero lo que me causa sufrimiento en realidad, es perder un rol: el rol de esposa, el rol de propietaria, el rol de empleada… porque me había identificado fuertemente con él, y por ello lo vives como si perdieras una parte de ti. El duelo dura tanto tiempo como te das cuenta que en realidad no lo necesitabas. Porque tú no eres un rol, ni una personalidad, eres mucho más que eso. Eres un ser completo, que no tienen ningún hueco que llenar con nada externo.  

Es fantástico poder compartir relaciones con personas y disfrutar de experiencias o cosas, pero sin apegarnos a la creencia de que sin ellas nuestra felicidad peligra, porque no es cierto. Desde nuestra forma de pensar creemos que no aferrarse a nada es estar en la más absoluta inestabilidad y soledad, pero nada más lejos de la realidad.

Cuando no crees necesitar algo o a alguien, es cuando puedes disfrutarlo de verdad, porque el miedo desaparece de la ecuación. Dejas de exigir que las situaciones y los comportamientos se adapten a lo que tú crees correcto, y sólo experimentas y fluyes con lo que sucede. Cuando en una relación está presente el apego, la necesidad o el miedo, no puede haber amor, por lo menos el amor con letras mayúsculas que todos merecemos dar y recibir.

Muchas veces en nuestra arrogancia creemos saber lo que necesitamos y lo que nos conviene. Pero del mismo modo que los árboles mudan las hojas para que las nuevas puedan brotar, a veces el cambio se impone en nuestras vidas porque es necesario, es momento de evolucionar, y nos resistimos a él porque sentimos miedo, en cualquiera de sus formas: Frustración, victimismo, sentimiento de injusticia, desprotección… lo cual nos genera un gran sufrimiento.

El problema, es que cuando sobreviene el cambio que ha irrumpido en mi vida, ya sea en de forma de abandono o de despido, nuestra atención únicamente se centra en valorar que lo sucedido no nos gusta y nos resistimos a vivirlo. Como no somos capaces de sostenerlo, sentimos culpa, o la proyectemos en el otro, lo cual nos atrapa en un círculo vicioso del que no sabemos salir.

Y es lógico porque hemos aprendido a vivirlo así, pero del mismo modo que lo aprendimos podemos aprender ahora a darle otro significado a lo que entendemos por pérdida, para poder quitarle toda la carga emocional que nos conduce a sufrir.

En ese momento, podemos tomar responsabilidad de nuestra vida y de nuestra situación, para ver más allá de la resistencia que genera mi mente, y darnos cuenta que el cambio, aunque no nos guste, dará paso a un aprendizaje y una evolución en mi vida.

Recuerda que lo que ya ha sucedido no se puede cambiar, pero siempre tenemos la opción de aprender de ello. Como se dice en Programación Neurolingüística: No existen errores, sólo resultados.

Punto 2.- En última instancia el apego surge porque no confiamos que la vida nos provea de lo que necesitamos en cada momento.

Pero ¿Por qué creo que lo que yo he pensado para mi vida es mejor que lo que se presenta en mi realidad?

Si lo vemos fríamente, no tiene mucho sentido creer que yo tengo la certeza que esa casa, ese trabajo o esa persona que anhelo, es la mejor opción para mí, entre todas las posibles viviendas, trabajos o personas del mundo, porque no tengo acceso a la información completa, no conozco todas las posibilidades.

¿Por qué nos apegamos entonces a esa en concreto y no a otra? Porque creer que la necesito me genera una emoción, un sentir y eso es lo que me mantiene enganchado. Me siento bien con esa persona porque creo que la necesito, me siento bien deseando esa casa porque la imagen que he generado en mi mente me produce satisfacción.

Pero si vamos más allá también podemos darnos cuenta que en realidad no sé qué es lo mejor para mí, de hecho la misma persona o situación puede ser maravillosa para mí y un auténtico desastre para ti. ¿Pero esa forma de catalogar los sucesos y las personas como buenos o malos, favorables o desfavorables, tiene un fundamento real?

Si observas, tildamos de favorable lo que se ajusta a nuestras expectativas, o lo que creemos que necesitamos. Y pensamos, en cambio, que es desfavorable todo lo que creemos que nos perjudica o lo que no encaja con mi previsión.

Es decir, cogemos una parte de la realidad y la valoramos en base a mi percepción sesgada de lo que me conviene, sin tener la información real de si eso es verdad.

Esta forma de vivir tarde o temprano conduce a la insatisfacción, porque el mundo, las personas y las situaciones no giran en torno a mis necesidades. Cuanto antes tomemos consciencia que debemos abandonar este patrón mental, antes dejaremos de sufrir.

Si lo miras desde ese punto de vista es fácil soltar esa forma de pensar en la que todos caemos, porque analizándolo fríamente, es bastante absurda.

Además podemos ver que en muchas ocasiones te aferraste a algo, te resiste a perderlo y sufriste cuando no lo tenías. Pero al transcurrir el tiempo te das cuenta que estás donde estás porque esa pérdida dejó espacio para que algo nuevo entrara en tu vida. Te abrió a explorar tus capacidades y recursos para poder adaptarte a una nueva situación, o te hizo conectar con un gran dolor que necesitabas liberar.

Piensa en las grandes pérdidas de tu vida por un momento, ¿Estarías donde estas ahora si no hubieran sucedido? Si tienes la tentación de pensar que estarías en un lugar o posición mejor, permíteme recordarte que eso, no lo sabes. Lo que sucede en muchas ocasiones es que la sanación a esos apegos y pérdidas no llega porque nos negamos a soltar y a sentir el dolor en toda su intensidad. Cuando nos sentimos víctimas de las circunstancias, no podemos ejercer nuestro poder, sólo podemos recuperarlo si somos cien por cien responsables de nuestra vida y de todo lo que acontece en ella.

Somos seres humanos y aunque nos de miedo experimentar según que emociones, lo cierto es que sentir es vivir. Cuando aceptamos el dolor y nos abrimos a sentirlo, sin juzgarlo y sin buscar culpables, despojándolo de la historia que lleva implícita, poco a poco esa intensa emoción se va transformando en algo distinto, que produce una gran liberación.

¿Cuántas veces te has quedado atrapado durante años en una situación que no te ayuda a avanzar? Lo conocido nos da una falsa sensación de seguridad y por eso nos resistimos al cambio.

Pero la seguridad tampoco tiene fundamento si la vemos con objetividad, porque como hemos visto al inicio, todo en la vida tiende al cambio. No podemos tener la certeza de nada.

Creer que tenemos todas las respuestas es un autoengaño que nos aprisiona en una forma de pensar, que a su vez genera una emoción concreta, que nos lleva a sufrir cuando nos confronta con la frustración, que tarde o temprano llegará, porque seamos honestos, la realidad no se doblega a mis necesidades imaginadas.

Punto 3.- Nuestra personalidad cree que estamos incompletos y por tanto genera pensamientos basados en el miedo, encaminados a la necesidad de cubrir ese hueco interior con algo externo, porque se siente carente.

Atendemos ciegamente a lo que pensamos sin cuestionarlo, porque nos identificamos con nuestra personalidad. Pero yo te pregunto ¿Si soy capaz de observar mi forma de pensar y darme cuenta racionalmente que me hace sufrir? ¿No es más sano dejar de pensar así?

“Llegamos a este mundo sin nada y nos iremos de él sin nada“, todo lo que encuentres en tu camino son experiencias que te van a enriquecer, a no ser que tu pensamiento interfiera creyendo necesitar lo que en realidad, no necesita.

¿Y si nos limitamos a experimentar lo que se presenta en nuestra realidad? ¿Y si amamos todo tal como es, tanto si viene como si se va?

Es tu responsabilidad cómo experimentas tu vida, nadie tiene el poder de hacerte sufrir. Los acontecimientos y las personas juegan su papel, pero tú decides si éste te afecta o no. Y no hay nada más cierto.

Eso no significa que si se presentan emociones porque creemos que estamos siendo tratados de forma injusta, las tenga que reprimir, al contrario, sentirlas sin juzgarlas es el camino para liberarlas. Pero cuando pase la intensidad inicial podemos observar la situación con curiosidad y cuestionar los pensamientos que me perjudican.

¿Y si nos diéramos cuenta que estamos más cerca de la felicidad cando aceptamos lo que sucede aquí y ahora? ¿Y si nos atreviéramos a decir no al miedo, a la carencia y al sufrimiento? ¿Y si nos diéramos cuenta que todo lo que pienso que necesito son sólo eso, pensamientos? ¿Y si nos abrimos a confiar en la vida sin resistencias?

Punto 4.- En mi opinión cuando un cambio acontece la vida esta pretendiendo equilibrarnos, pero nosotros nos negamos, causando sin saberlo más desequilibrio que tarde o temprano se tendrá que restablecer.

Un pájaro no se plantea si migrar al sur es bueno o malo, si le favorece o no hacer el nido en esa rama, simplemente fluye con la vida. La capacidad de razonar es un privilegio, pero cuando nos conduce a sufrir, podemos cuestionar lo que pensamos con total tranquilidad, porque hay algo que no estamos viendo con claridad.

Si soltamos la expectativa, confiamos en la vida y nos abrimos a vivir lo que acontece en nuestra realidad aquí y ahora, la necesidad y el apego dejarán de tener cabida y por tanto el sufrimiento se desvanecerá.

No digo que dejemos de tener deseos y objetivos porque nos dan una dirección y una ilusión, simplemente entiendo que aceptar lo que sucede con ganas de aprender es la opción más sabia, porque el cambio en la vida es inevitable y resistirse a él conduce al sufrimiento.

Cuando soplan fuertes vientos, los juncos se adaptan, pero los arboles rígidos se parten. Podemos aprender a ser juncos, está en nuestra mano y es nuestra responsabilidad vivir sin sufrir.

Recuerda, si creo que necesito algo no puedo disfrutarlo plenamente, porque siempre subyace el temor inconsciente a perderlo.

Lo único que necesitamos para ser felices es estar en coherencia interna y eso significa que pensemos, sintamos y actuemos, alineados con la realidad que experimentamos aquí y ahora. En el momento que se presenta alguna discordancia empezamos a sufrir.

Y yo te pregunto, ¿Cuándo esta ecuación se desajusta y nos sentimos mal, qué es más sencillo, cambiar la realidad, o mi forma de pensar

Tú no eres tus pensamientos, si te hacen sufrir, por favor, no les des crédito.

Aunque creas tener razón cuestiónalo, tu mente no tiene todas las respuestas, porque no conoce todas las posibilidades y parte de una percepción sesgada y distorsionada de la realidad.

Si te interesa el tema de la percepción hablo ampliamente de ello en el artículo “¿somos nuestra personalidad?”

Si te interesa el tema del patrón mental racional que nos limita, hablo ampliamente de ello en el artículo “reseña del libro resetea tu mente.” Del Dr. Mario Alonso Puig.

Gracias por leer, comentar y compartir este artículo.

Te invito a suscribirte a mi blog, ¡Te espero con un regalo de bienvenida!

Un fortísimo abrazo.

Regina.

4 comentarios sobre “Cuestionando el apego y la necesidad

  1. Muchas gracias por tus palabras Miguel Ángel, viniendo de ti las valoro aun más. Cada texto que escribo es un reto para mi mente y una caricia para esa parte mas esencial de mi que se nutre y se sana. Me alegro que sea de utilidad y resuene a otras personas, porque sin duda ese es el propósito. Un abrazo enorme, ¡Te deseo plenitud en cada paso de tu camino!

    Me gusta

  2. Pedazo de artículo Regina!! Se nota a la legua que sabes de lo que hablas. Hay mucha sensibilidad ahí dentro en el texto y resueno con bastantes partes del mismo.

    Mi enhorabuena por este post y por las reflexiones tan geniales que contiene. Ah! Y me ha encantado tu reseña en audio del libro «La biología del presente». Qué bonita voz, no te la recordaba así en los webinars jaja.

    Un abrazo Regina!

    Me gusta

  3. Muchas gracias por leer y comentar. Entiendo lo que dices, como decía uno de mis maestros, no importa si es fácil o difícil, el caso es que es posible y muy necesario porque nos va en ello nuestra felicidad. Quien está dispuesto al cambio se encuentra con la una gran resistencia que curiosamente es la suya propia, pero podemos soltarla, está en nuestra mano vivir de otra forma si realmente queremos, mis compañeros de Master son una muestra de ello. Sólo se trata de darse cuenta que la mente es una poderosa herramienta, sólo hay que dar un pequeño giro para que pueda estar al servicio de mi bienestar y no en contra. Un abrazo enorme.
    Regina.

    Me gusta

  4. Me ha encantado tu articulo. Muy clarificador y educativo pero realmente difícil de poner en práctica en una sociedad en la que, recibimos contínuamente mensajes brutales y continuos creandonos necesidades y ofreciéndonos satisfactorias en el mínimo plazo de tiempo posible.
    De todos modos, nunca hay que perder la esperanza y con gente como tú, poniendo luz al camino, das pie a que, cuanto menos cuestionamos nuestros comportamientos.

    Me gusta

Deja un comentario